¿El cristianismo en LATAM es antirracista?

 Carta a Mariño. El cristianismo debe ser antirracista o no será posible

Por: Jonh Jak Becerra P

El Cristianismo y el Evangelio: Una Reflexión Sobre el Racismo Estructural

¿El cristianismo en LATAM es antirracista?

El cristianismo ha sido una influencia poderosa en la vida de millones de personas alrededor del mundo, brindando esperanza, consuelo y una visión de unidad. Sin embargo, como hombre negro de ascendencia africana, he encontrado que la doctrina y el mensaje del evangelio a menudo pasan por alto las problemáticas del racismo estructural y sistémico en LATAM., que persisten en la sociedad actual. A lo largo de este ensayo, exploraré cómo el cristianismo falla en abordar adecuadamente el racismo y compartiré mi experiencia personal de enfrentar el racismo en el entorno de la iglesia.

El Evangelio y su falta de abordaje al racismo: 

A pesar de que el evangelio predica el amor, la igualdad y la fe, es preocupante ver cómo el mensaje es interpretado de manera selectiva por ciertos individuos y comunidades. La noción de que "todos somos iguales ante Dios”, y la falta de empatía, llega a ser simplemente una frase vacía, si no va acompañada de acciones concretas para combatir el racismo y promover la justicia racial en la sociedad.

A finales de los 90s, mientras cursaba el bachillerato en mi ciudad natal, Quibdó-Chocó, un joven blanco/mestizo llamado Bolívar me invitó a un servicio de jóvenes en una iglesia cristiana evangélica. Empecé a asistir regularmente, en mi ciudad natal, donde la mayoría de la población es de origen africano, no experimentaba racismo dentro de la iglesia. Sin embargo, al mudarme a Bogotá y congregarme en otras iglesias, mi percepción cambió drásticamente.

La convivencia en mi iglesia en Quibdó: En mi ciudad natal de crianza, el racismo no era un problema dentro de la iglesia. La convivencia era armoniosa, y los hermanos compartían sus experiencias de racismo vividas en otras ciudades sin mencionarlas abiertamente. La transición a Bogotá y el cambio de ambiente: Al mudarme a Bogotá y congregarme en una iglesia de la misma misión, comencé a experimentar un racismo cotidiano que me hizo sentir incómodo. Al presentarme y hablar de mi origen, recibí miradas y risas burlonas, lo que desencadenó en una serie de burlas y chistes racistas hacia mí, persona, buscando otra congregación, ante la incomodidad y el racismo que enfrentaba en mi primera iglesia en Bogotá, decidí buscar otra congregación. Sin embargo, mi experiencia en la segunda iglesia con el Pastor Enrique Gómez fue aún peor. Desde el púlpito, el pastor fomentaba el comportamiento racista y se mofaba de nuestra forma de ser, ese tono burlesco. En Iglesia Centro Mundial de Avivamiento del pastor Ricardo Rodríguez, y su esposa María Patricia Pérez, fue igual, un racismo sin racista, es decir. El nuevo racismo es sutil, está institucionalizado y aparentemente no es racial".  

Mi testimonio refleja cómo mi experiencia en diferentes congregaciones cristianas evangélicas, cambió radicalmente al enfrentar el racismo en Bogotá. Mientras en mi ciudad natal el ambiente era de hermandad, en la capital colombiana encontré un entorno que normaliza y promovía el racismo desde distintos contextos y también las muchas caras que tiene el racismo. Esta realidad debe ser confrontada, y es esencial que la iglesia, como portadora del mensaje del evangelio, trabaje para eliminar la estructura racista, y combatir el racismo cotidiano en sus entornos, promoviendo la justicia racial y la unidad entre todos los creyentes, sin importar su origen étnico o racial. El verdadero mensaje del evangelio es el del amor, la compasión y el respeto hacia todos, y el deber como comunidad cristiana luchar contra cualquier manifestación de racismo, y trabajar por una sociedad más justa y antirracista.

El racismo sistémico y estructural ha plagado a las comunidades afrodescendientes durante siglos, pero a menudo se minimiza o se ignora dentro del discurso cristiano evangélico. La omisión de estas problemáticas contribuye a perpetuar la desigualdad racial y el sufrimiento de muchas personas afros. El evangelio, que debería ser una fuerza para el cambio social y la justicia, a menudo parece estar desconectado de las luchas reales de las comunidades marginadas por el sistema jerárquico de poder.

Experiencia personal en la iglesia y el racismo normalizado:

En mi experiencia, también he sido víctima de racismo dentro de la iglesia por parte de aquellos que se autodenominan "hermanos en Cristo". Es desgarrador enfrentar prejuicios raciales y comentarios ofensivos en un entorno que debería ser de amor y aceptación. La normalización del racismo dentro de la iglesia es una herida profunda que debe sanarse.

Cuando tuve el valor de señalar el racismo explícito en el lugar de trabajo, esperaba el apoyo y la solidaridad de mis compañeros cristianos. Sin embargo, me encontré con indiferencia y, peor aún, con reproches por atreverme a cuestionar la actitud racista de ciertas personas. Incluso líderes dentro de la iglesia se mostraron renuentes a abordar el problema, lo que dejó en evidencia una falta de compromiso genuino con la justicia racial.

Es evidente que la pregunta de Herzan David Mariño sobre “quién es más racista, los negros o los blancos”, es una retórica negacionista del racismo y representa una actitud problemática y ofensiva. Al plantear dicha pregunta, Mariño minimiza y niega la realidad del racismo y su impacto en la sociedad actual que vivimos, lo que es inaceptable y profundamente irrespetuoso, y agresivo hacia las personas que hemos combatido el racismo, y que nos afecta directamente.

La actitud de superioridad moral y espiritual que muestra al acusarme de tener un problema de inferioridad y baja autoestima debido a mí, postura antirracista, es claramente racista, y va en contra de los principios fundamentales del verdadero cristianismo, que aboga por el amor, la igualdad y la compasión hacia todos los seres humanos.

Además, desconocer las figuras importantes como Martin Luther King Jr., Mariño demuestra una falta de comprensión sobre la lucha histórica contra el racismo y la importancia de la justicia racial. La retórica negacionista y la actitud de superioridad que exhibe son contrarias a los valores de respeto, empatía y solidaridad que deben prevalecer en una comunidad cristiana-evangélica.

Es crucial que las personas que se identifican como cristianas se esfuercen por educarse sobre el racismo, reconocer su existencia y trabajar activamente para erradicar cualquier actitud o comportamiento racista en su entorno. Un verdadero cristiano debería ser un defensor de la justicia, la igualdad y la inclusión con equidad, rechazando cualquier forma de racismo o discriminación racial en todas sus manifestaciones.

El desafío hacia un cristianismo antirracista:

El cristianismo tiene el potencial de ser una fuerza positiva y transformadora en la lucha contra el racismo y la discriminación racial. Para ello, es fundamental que las comunidades cristianas reconozcan y confronten el racismo estructural y sistémico que persiste en la sociedad.

El mensaje central del evangelio de amor y compasión debe extenderse a todos, independientemente de su raza u origen étnico racial. Esto implica rechazar activamente los prejuicios raciales, y trabajar para derribar las barreras que impiden la igualdad con justicia racial de oportunidades para todos.

Conclusión:

Como hombre negro, afrodescendiente de ascendencia africana, mi experiencia con el cristianismo y el evangelio, me ha llevado a reflexionar sobre su falta de abordaje al racismo estructural, cotidiano y sistémico. La noción de que "todos somos iguales" debe ir más allá de una simple declaración y manifestarse en acciones concretas para abordar las problemáticas del racismo y dejar esa superioridad moral.

Espero que, en el futuro, el cristianismo abrace en América latina, en una visión más inclusiva y antirracista,donde se promueva activamente la justicia racial y la igualdad con equidad para todas las personas, Solo entonces podremos avanzar hacia una sociedad más justa y compasiva, en la que el mensaje del evangelio realmente se traduzca en acciones que transformen vidas y construyan puentes entre todas las comunidades, sin importar su origen étnico o racial. Desafortunadamente, hoy no está ocurriendo eso, el negacionismo de Mariño es un claro ejemplo de ello, pero no es el único que mantiene esa actitud. Cuando me entrevistó la DW (Deutsche Welle) TV de Alemania, también apareció otro personaje con una postura similar, pero se dejó explicar y, aparentemente, comprendió esto.


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